dijous, 31 de maig del 2012
Mi pequeña pistola
Siempre hubo una especie de superioridad tuya frente a mí, pues al fin y al cabo a partir del momento en que me enamoré estaba en una posición de evidente indefensión que se mantuvo pasado el enamoramiento. El hecho de haberte dado relevancia en mi vida te dejaba a ti muy arriba y a mí muy abajo, pues yo había tenido poca o ninguna o la tuya. Sin embargo, un día me dí cuenta de algo: tú estabas convencido de que me conocías. ¡Qué iluso! Bien me había encargado de que no lo hicieras. Aquella especie de engaño, al cual no sabría si clasificar de consciente o inconsciente -quizá tenía tintes de ambos-, no equilibraba la balanza, pero sí me hacía subir un poco... lo suficiente. Cuando no tienes ninguna arma te aferras a cualquiera que encuentres, y aquella era la mía. Decidí entonces echarte eso en cara en cuanto tuviera ocasión -aunque para nada iba yo a empezar con ello, pues mi máscara de indiferencia era a su manera otra especie de arma-. No, ya no quería equilibrar la balanza, quería cargármela. Dispararía hacia su base y acabaría con todo aquello.
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1 comentari :
Hay algo en todo esto, que me recuerda a mi...
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