- Me rindo.
Me río.
- No, no es para reírse...
- No te rindas, loca. El latín es cuestión de machacar, machacar y machacar...
- Es gracioso que lo digas tú.
- Ya, bueno. Yo no lo hago pero debería hacerse. Soy el ejemplo de lo que no se debe hacer, de algo sirvo...
- Pero tú no haces lo que se debe y te va bien.
- Ya, porque yo soy una hija de puta con suerte, pero no es lo normal. Un día me daré la gran hostia y empezaré a suspenderlo todo. Aunque como no voy a hacer bachillerato quizá no llegue...
- Mh.
- Y bueno, tan bien no me va, suspendí mates.
- Yo también.
- Pero yo con menos nota.
- Ya.
Cabe decir que durante toda la conversación no se ha reído ni ha hablado con simpatía. Ahora, ese último "ya" parece más satisfecho. Le he demostrado que su esfuerzo la saca más adelante. Un día me pisarás, amor. Qué extraño es hablar con gente a la que le importan los estudios.