dimecres, 22 de maig del 2013


Mi principal problema es que me la suda.
Me la suda todo, me la sudan todos.
Y un día, unas horas, unos minutos, no.
Y entonces llega el "qué coño estoy haciendo, por qué esto, por qué aquello". Realmente no quiero cambiarme a mí misma, pero es una putada echarse al mar a buscar todo aquello que has tirado al fondo, sobretodo cuando no estás acostumbrado a nadar. Una putada merecida, una no va a quejarse de ello, pero no por eso menos putada. Y el problema de verdad es que no aguanto la respiración. Me sumerjo un rato, rescato un par de cosas, y ya me he cansado. Quiero tomar aire, llenar estos pequeños pulmones, salgo a la superfície y vuelvo a estar con lo mismo de siempre. Y me la sudará hasta que deje de hacerlo.
Mi solución a estas cosas es escribirlas mientras miro un thriller de yonkis cursi que da risa en un canal donde normalmente mira películas mi abuela. ¿Y qué? Me desvío: podría haber escrito sobre muchas cosas, últimamente. Temas no me han faltado. Pero no me ha apetecido. No hay más. No me ha apetecido. Vivo de lo que me apetece. Llevas mucha tontería encima, niña. Lo que sé es que esto no va a ser así por mucho tiempo, y me alegro.